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Aquí la naturaleza es todavía un milagro viviente

Por: Wagner Abril


¿Fantasía o realidad…?

Todas las hadas y duendes que poblaron los cuentos de la infancia podemos imaginarlas al salir de la próxima curva del estrecho y verde sendero que recorremos.

En el Chocó Andino, país de cuatro regiones de arrugada geografía, cruzado por la Línea Equinoccial, no encontraremos al lobo feroz del infantil cuento de Caperucita, pero podemos admirar al oso de anteojos, trepados en árboles o moviéndose por el bosque en busca de plantas de aguacatillo, achupallas y moras silvestres, sus alimentos preferidos. Basados en rigurosas observaciones de expertos, se calcula que en cinco regiones del Ecuador existen 3000 ejemplares.


Sorpresa, curiosidad y asombro causará la pequeña ranita que secreta de su piel unos compuestos químicos útiles para la preparación de epibatidina, un fármaco doscientas veces más potente que la morfina. Innumerables especies de insectos, reptiles y anfibios se mueven entre plantas, gigantescos árboles y exóticas flores, habitadas también por multicolores aves.

Así, las fantasías de niñez y adolescencia pueden recrearse entre gigantescos árboles, flores y arbustos de mágicos aromas, multicolores aves que en bandadas recorren el azul espacio de la región.

Aquí, la naturaleza tiene historias formadas en miles de años. A estas verdes praderas llegaron los primeros pobladores alrededor de cinco mil años atrás. En los mismos lugares que caminamos como turistas, estuvieron vigorosos hombres y mujeres de la cultura cósmica ecuatorial, para quienes el Sol fue su dios Inty y la luna su mama Killa.


Las semanas últimas de marzo y septiembre de cada año, “se produce un fenómeno cíclico y planetario llamado equinoccio… viniendo del latin EQUINOX significa “noche igual” (al día) y constituye una etapa significativa de equilibrio entre la luz y la obscuridad, entre la noche y el día”, dice Diego Velasco Andrade, académico, investigador y experto en el conocimiento de las ciencias ancestrales andinas. Este fenómeno celeste se produce por la posición del planeta tierra y los dos hemisferios en relación al sol durante el movimiento de traslación, haciendo que los días y las noches tengan la misma duración de 12 horas.

Este territorio de colorida magia manifiesta la vitalidad del sol en la trama compleja de su abundante y rica biodiversidad: 380 especies de flores con llamativos colores, árboles de numerosas especies y altura variada; aves que entonan melodías, trinos y graznidos en el día y la noche; reptiles que cruzan con rapidez los senderos y, a veces, fijan su mirada con curiosidad en el visitante. En fin, todo lo que muy bien califica Diego Velasco como “singularidad geobiológica que los ecuatoriales de la antigüedad supieron diferenciar, valorar y marcar en sus ancestrales tierras de KI TU o Tierras de la Mitad”.


Aquí, el ser humano inevitablemente se reconcilia con los ciclos de las estaciones producidas por la traslación elíptica de la tierra alrededor del sol, que determina cuatro eventos fundamentales en el año solar: dos solsticios y dos equinoccios. Es región que pide abandonar las artificiales creaciones impuestas por la modernidad y permite al visitante la comunicación con su propio interior. Como en ningún otro espacio, el abrazo silencioso a un árbol o los momentos de introversión que motiva, compartiendo con la esplendente naturaleza el aire puro, sin contaminación, libera las potencialidades del espíritu.

Sí, los milagros sonoros que vuelan de un árbol a otro, se suspenden en el aire, deslizan o lanzan en picado para buscar alimento pueden ser observados con asombro y respeto. Mirar los colibríes, tucanes, tangaras, cotingas y otras del Chocó Andino ofrecen ventajas adicionales al turismo simple. El cambio climático está afectando a la biodiversidad toda y es, ahora mismo, amenaza que pone en peligro a porcentajes significativos de insectos, plantas y vertebrados. Toda esta maravilla creada por la Divinidad puede ser visitada con facilidad increíble.

Un turista, en cualquier estación del año y tiempo puede caminar, sin prisa y poco esfuerzo, por la más grande maravilla creada por la Divinidad. No necesita viajar al espacio ni pagar millones de dólares.

En el Chocó Andino del Ecuador, la felicidad y la plenitud de vida está cerca de la hermosa Quito.

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