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Un intrincado bosque selvático, escondido tras las cumbres noroccidentales del ecuatoriano volcán Pichincha, es una verdadera joya de la biodiversidad, descubierta recién al mundo cuando la UNESCO le declaró Reserva Mundial de la Biósfera.

Esa maravilla de la naturaleza cubre 287mil hectáreas de bosque subtropical nativo que absorbe unas 250 toneladas de carbono, cada una de ellas, purificando el aire del planeta, en momentos que el cambio climático amenaza la existencia misma de la especie humana.

Ese mosaico ecológico  posee 12 tipos de bosque, cuatro clasificaciones climáticas y un amplio paisaje productivo que enriquece la gastronomía  y protege a sus 45 mil habitantes del riesgo de aluviones, tornados o movimientos masivos de tierra.

La inconmensurable riqueza del inexplorado banco genético de la zona se dimensiona si conocemos que el Bosque Iberoamericano del Chocó Andino, por donde atraviesa el Paralelo 0º 0”0, integra  cuatro áreas de importancia mundial para aves, nueve bosques protectores, tres zonas  de conservación y usos sostenibles (ACU-DMQ), un corredor ecológico del oso andino y más de 35 reservas e incontables bosques privados.

Vale recordar que, durante seis años consecutivos, el Chocó ocupó el primer lugar en el conteo mundial de aves exóticas supervisadas anualmente, en la época navideña, por la norteamericana Birdwatching International, en 2500 puntos del planeta.

Ese resultado sorprende, solamente, a quienes desconocen que esa espesa jungla comienza a solo 20 minutos de Quito, la Capital del Ecuador, bosques donde anidan 617 especies de aves exóticas, mucho más de las registradas en Europa entera.

Y en las cumbres andinas, los turistas pueden fácilmente fotografiar al famoso oso de anteojos, una de las ocho especies de úrsidos existentes en el planeta o, descubrir en el sub trópico, al Olinguito ( Bassaricyon neblina), el más pequeño de los mapaches conocidos, hasta hoy,  por la especie humana.

Entre más de 900 plantas vasculares, los científicos descubrieron, en la piel de una ranita endémica del Chocó - a la que solemnemente llamaron Epipedobates Antony -  una sorprendente secreción integrada de varios compuestos químicos que les permitió elaborar epibatidina, un fármaco natural 200 veces más poderoso que la morfina y, por añadidura, no es adictivo.

La lista de nuevos hallazgos es larga, tanto en plantas como insectos, anfibios, mamíferos, reptiles o peces, en un pródigo territorio donde se han identificado, hasta el momento, 270 especies de mamíferos, 210 de reptiles, 130 de anfibios, 227 variedades de orquídeas. 2110 géneros de plantas, entre ellas, 1655 de Pleurothalis, Epidendrum, Miconias, el 78 por ciento de las existentes en todo el territorio del Ecuador.

Los innumerables pisos climáticos, desde menos  de cero grados, en los nevados andinos; hasta 38, en el tropical Puerto Quito; pasando por variadas temperaturas al descender hacia el nublado, en San Miguel de los Bancos o el sub tropical Pedro Vicente Maldonado,  tres cantones que comparten esa maravilla biodiversa.

Los innumerables pisos climáticos, y los verdes bosques de maderas preciosas, generan una red hídrica vital para el desarrollo de flora y fauna silvestres; crean ambientes de bienestar para el ser humano que, por añadidura, aprovecha de  esa interminable red de cuencas hídricas de aguas puras y cristalinas, esencia de la producción de una infinita gama de productos alimenticios e incalculada reserva del líquido vital, en un mundo donde 1.800 millones de seres humanos tienen dificultad para conseguirla.  

En las cuencas del Tigre, Mindo, Silanche, Cristal, Mulaute, Caoní, Blanco, Guayllabamba y tantos otros; así como en cientos de pequeñas, medianas y gigantes cascadas como El Pahuma, el Salto  del Tigre o Las Verdes, forman escenarios bucólicos que atraen a miles de turistas nacionales y extranjeros a disfrutar de una vasta oferta de deportes de aventura.

Ese paraíso atesora, además, el legado de la cultura Yumbo, con una historia remontada hace 2000 años antes de nuestra era, evidenciada en más de mil sitios arqueológicos diseminados en la espesa selva, con un rica herencia rescatada , en parte, en los ya famosos Baños de El Inca, en Tulipe, a 45 minutos de Quito.

En medio de la pandemia, con el Covid  cubriendo de muerte el planeta, particularmente en urbes de masiva presencia humana, los especialistas recomiendan protegerse en lugares de naturaleza abundante, donde el aire limpio y los atractivos existentes garantizan salud física y mental.

El Chocó Andino, en su estado puro, es el sitio ideal para el descanso, diversión y el bienestar integral del ser humano, porque su riqueza biodiversa es de tal dimensión que, en un solo kilómetro cuadrado de sus bosques vírgenes, alberga más especies vegetales y animales que en todo el inmenso territorio de Estados Unidos y Canadá juntos.

Es una joya que debemos protegerla, para bien de la humanidad.

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