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UNA JOYA BIODIVERSA

Rodrigo Rangles Lara.


El deslumbrante resplandor del Chocó Andino, una verdadera joya biodiversa de 278 mil hectáreas, hipnotiza a transeúntes nacionales y extranjeros con sus escenarios mágicos y una indefinible sinfonía musical de infinita fauna y flora silvestres que las Naciones Unidas elevaron a la categoría de Reserva Mundial de la Biósfera.

Nuestro Chocó, en plena Mitad del Mundo, es una esmeralda verde que forma parte de la región biogeográfica de más de 187 mil kilómetros cuadrados ubicada en los páramos de la cordillera noroccidental de Los Andes ecuatorianos, bordea el litoral norte del Ecuador, llega a la costa del Pacífico colombiano, toca el valle medio del río Magdalena y termina en las selvas tropicales del Darién panameño.


Hace añares, todo ese inmenso territorio era un verdadero paraíso biodiverso que, el avance de “la civilización” - agroindustria, urbanismo, minería, deforestación indiscriminada, tráfico de especies animales, entre otros – modificó o destruyó buna parte de esos hermosos mosaicos de planicies fluvio marinas, llanuras aluviales o abigarradas selvas.

Felizmente, para la humanidad, todavía quedan hermosos remanentes como El Lloró colombiano, donde se registran 16 mil milímetros de lluvia /año y los expertos consideran el lugar más lluvioso del planeta o la jungla tropical conocida como el Darién en Panamá. Donde hay agua, existe vida. Por eso, hay lugares en la biogeográfica región con una biodiversidad incomparable y un alto endemismo.




El Chocó Andino ecuatoriano, al noroccidente del Volcán Pichincha, es uno de esos paradisiacos rinconcitos del planeta que nos lleva a un mundo multicolor de biodiversidad, herencia de una milenaria cultura Yumba, cuyos vestigios encontramos en más de 320 sitios arqueológicos representando la dinámica de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza.

Aunque nos parezca un lugar común, llamar paraíso al Chocó, de tanto repetirse en marcas de hosterías, fincas, spots publicitarios y en el habla cotidiana, nada puede ser tan preciso como ese vocablo castellano para referirse a este pequeño pedazo del planeta; donde, en un solo kilómetro cuadrado de su bosque primario, habitan más especies animales y vegetales que en todo el territorio de Estados Unidos y Canadá juntos.

En el Chocó se han clasificado, hasta el momento, 270 especies de mamíferos, 210 de reptiles y 130 de anfibios destacándose, entre ellos, el famoso oso de anteojos - uno de los siete úrsidos existentes en el planeta- o el recientemente descubierto Olinguito, el más pequeño de los mapaches de la tierra; sin descuidar la ranita Epipedobates Anthony de cuya secreción se elabora la epibatidina, un fármaco 200 veces más potente que la morfina y no es adictiva.


“En el amanecer sonoro cada árbol es un coro/ Hay tantas alas en vuelo que alzan América al cielo, decía nuestro bate Jorge Carrera Andrade refiriéndose a esas flores voladoras que, en el caso del Chocó, atraen turistas del mundo entero para disfrutar de sus bellos y coloridos plumajes, exóticas formas y encantadores gorjeos. Varios años la región ganó el primer premio mundial por conteo de aves que se realiza, en Navidad, en 2500 puntos del planeta, durante 24 horas.


No sorprenden esos resultados si sabemos que, en este pequeño territorio, se han clasificado 617 especies de aves exóticas, 80 de ellas endémicas; en otras palabras, sólo se las puede encontrar en el Chocó. El avifauna del Chocó, considerado por los científicos como “la mejor actividad para reducir el estrés”, tiene la ventaja de superar numéricamente a la existente en todo el continente Europeo.

En cuanto a flora, en el Ecuador se registraron 2.110 géneros de plantas; de ellas, 1.665 se encuentran en el corredor del Chocó Andino; es decir, el 78 por ciento de las existentes en todo el territorio ecuatoriano, y si de flores hablamos, podemos decir – a modo de ejemplo – que de las 273 familias de orquídeas, ubicadas en el territorio nacional, 227 “Hadas del bosque”, se encuentran en la región.


Hoy mismo, se enfrentan la codicia del oro con la defensa de naturaleza en su estado puro. Los que anhelan vender un gramo de oro, a 60 dólares, contra los que ven en el agua un mayor valor.



Y tienen razón, porque para obtener ese gramo de oro, desde la exploración hasta el refinamiento, se requieren cinco mil litros de agua, es decir 1.250 galones. Si cada galón embotellado cuesta,

mínimo un dólar; entonces, es un mal negocio la minería. Y eso sin considerar que, miles de galones más, contaminan el agua con minerales pesados y liquidan cualquier posibilidad de vida.

No es difícil tomar partido entre la minería que mata y el agua generadora de vida. Y el Chocó Andino, sin duda, es pura vida. ¡Cuidemos esa hermosa joya biodiversa!



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